En un futuro post-pandemia.

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En un futuro post-pandemia.

Ahora que quizás estamos despertando de la pesadilla pandémica, ahora que tenemos vacunas efectivas y que vemos algo de luz al final del camino, es importante empezar a pensar en el futuro. En un futuro post-pandemia.

Como señalara atinadamente el escritor Arundhati Roy en su artículo publicado en The Financial Times hace más de un año, “históricamente, las pandemias han forzado a los humanos a romper con el pasado e imaginar su mundo en una forma nueva”. Las pandemias pudieran ser, en cierta forma, un umbral o una puerta hacia un futuro diferente. Las epidemias de peste bubónica llevaron a reformas laborales en beneficio de los obreros en la Europa del siglo XIV; posteriormente, en el siglo XIX, en Inglaterra, se transformó el sistema sanitario público después de la pandemia de cólera y, en Nueva York, se introdujeron las viviendas de bajo costo después de la gran pandemia de influenza de 1918.

Una hoja de ruta para lo que pudiera ser el futuro después de la Covid-19 fue solicitada por la Asamblea Mundial de la Organización Mundial de la Salud hace un año. Con el mundo todavía sumido en la primera ola de casos, la asamblea inició una revisión independiente, comprensiva e imparcial de la respuesta internacional a la pandemia causada por el SARS-CoV-2. El 12 de mayo de este año, después de 8 meses de trabajo, el Panel Independiente Para Preparación y Respuesta Pandémica presentó su reporte, el cual está disponible en theindependentpanel.org. En este documento se analiza en detalle lo ocurrido, por qué ocurrió y cómo puede prevenirse que ocurra nuevamente. El título del reporte tiene el atractivo y hasta en cierta forma arrogante título de “Covid-19: Hagamos de ésta la última pandemia” (traducción mía).

En el documento de algo más de 80 páginas, se hace primeramente un llamado urgente a trabajar para terminar con la pandemia, y se sugieren enfáticamente una serie de medidas para mejorar la preparación y respuesta a futuras pandemias.

Aspectos como fortalecer el liderazgo y la independencia de la OMS, realizar una transformación fundamental al sistema internacional de vigilancia epidemiológica y, por supuesto, aumentar la inversión en preparación y respuesta a nivel nacional, regional y global, son destacados también en este reporte.

Pero durante estos meses de pandemia, la humanidad no sólo ha tenido que luchar contra una epidemia causada por un virus, sino que ha tenido que combatir, muchas veces sin éxito, una “infodemia”. Una proliferación de desinformación que ha hecho la respuesta a la pandemia más difícil y complicada, y sin duda ha causado la pérdida de miles de vidas innecesariamente. En una interesante perspectiva publicada recientemente en el New England Journal of Medicine, David Scales, Jack Gorman y Kathleen Jamieson señalan que es necesario crear también un sistema de vigilancia y respuesta contra la desinformación, no muy diferente al empleado para detectar y enfrentar el surgimiento de enfermedades infecciosas y epidemias. En primer lugar, sugieren fortalecer los mecanismos que monitorizan el flujo de información en redes sociales y medios de comunicación tradicionales y que detectan la desinformación potencialmente dañina antes que esta se vuelva “viral”. Igual a cómo se evalúa el riesgo de una nueva infección, los autores proponen clasificar la desinformación según su origen, transmisibilidad y virulencia. Señalan además que es necesario contar también con “infodemiólogos”, profesionales entrenados en comunicación y temas de salud, que rápidamente corrijan o aclaren la desinformación. Por supuesto que herramientas como la inteligencia artificial y la autocensura en medios como Facebook o Twitter, serían también claves en este esfuerzo.

Pero no basta con mejorar la detección y respuesta a las pandemias y a la “infodemia”. Mohamed Patel y Christine Phillips dieron en el clavo al comentar en una publicación de la revista Lancet que “las pandemias se diseminan a los largo de las fallas geológicas creadas por la forma en que vivimos: inequidades en la distribución de la riqueza, salud, protección social y acceso a servicios básicos”.

Después de todo, las epidemias son parte de otros riesgos sistémicos interconectados como la pobreza, la inseguridad alimentaria, las crisis económicas, los desastres relacionados al cambio climático y las migraciones involuntarias a gran escala. Por ello, es necesario enfocar los esfuerzos de la comunidad global y los gobiernos en mejorar cómo vive la gente. En el futuro post pandémico se deben retomar los objetivos de desarrollo sostenible y replantear las medidas para revertir el cambio climático. Sólo con una mejora integral de las condiciones de vida y una mejor atención y cuidado al planeta, evitaremos o mitigaremos la siguiente crisis global.

Mientras tanto, ¿qué podemos hacer como individuos? Muchas cosas. Pero entendamos, al menos primero, que todas estas mejoras pasan por elegir gobernantes honestos y capaces que construyan gobiernos efectivos y eficientes, y que acompañen estructuras supranacionales funcionales y confiables. Si no lo hacemos, tendremos un futuro “de sangre tirando a muerte”, como dijera en su momento “Mano de Piedra” Durán cuando le preguntaron qué tan difícil iba a ser su primera pelea contra “Sugar” Ray Leonard.

“Nunca desperdicies una buena crisis”.

Atribuido a Winston Churchill.

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